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1 de octubre. El día que fracasó la política

El 1 de octubre se consumó el choque de trenes que se dibujó el 6 y 7 de septiembre, donde infringiendo el Reglamento del Parlament de Catalunya, los derechos de la oposición, desoyendo las advertencias de los letrados de la Cámara y del Consejo de Garantías Estatutarias de Cataluña, se vulneraron el Estatuto de Autonomía y la Constitución y se convocó un referéndum ilegal aprobándose la ley denominada "de transitoriedad jurídica y fundacional de la República". En aquella jornada cristalizó la incapacidad por el diálogo de los gobiernos presididos, por aquellas fechas, por Carles Puigdemont y Mariano Rajoy.

La irresponsabilidad de unos y otros nos llevó hasta ese día. Un día donde hubo cargas policiales en los lugares de votación, en una jornada donde no se produjo un referéndum efectivo, vinculante, con garantías y del cual no existe ningún mandato democrático a pesar de la insistencia de los partidos independentistas.

La irresponsabilidad de unos y otros nos llevó hasta ese día. Un día donde hubo cargas policiales, en una jornada donde no se produjo un referéndum efectivo.

Ese día por la mañana los socialistas fuimos muy claros, mi comparecencia ante los medios de comunicación es totalmente vigente hoy: "Consideramos inaceptable cualquier acción policial desproporcionada. Pedimos, por lo tanto, el cese inmediato de los intentos de impedir por la fuerza una importante movilización ciudadana en un simulacro de votación". Hicimos además una llamada a la calma y a la serenidad y responsables municipales socialistas como la alcaldesa de L'Hospitalet de Llobregat, Nuria Marín, impidieron algunas actuaciones de la policía en los centros de votación.

Todos sabemos que este camino no será sencillo. No hay solución posible sin un largo y difícil proceso de diálogo, negociación y pacto.

Hoy, un año más tarde, muchas cosas han cambiado: Carles Puigdemont no es presidente de la Generalitat de Catalunya y Mariano Rajoy no es presidente del Gobierno. Un año después, Pedro Sánchez es presidente gracias a una moción de censura y su Gobierno trabaja en la búsqueda permanente de soluciones acordadas que puedan alcanzar el apoyo de amplias mayorías y un permanente esfuerzo de reconciliación. Todos sabemos que este camino no será sencillo. No hay solución posible sin un largo y difícil proceso de diálogo, negociación y pacto. Un proceso que debe respetar permanentemente la legalidad, las mayorías y los procedimientos para cambiarla. Un proceso en el que cada pequeño acuerdo ha de ser considerado un gran paso.

Artículo publicado en huffingtonpost.es

Miquel Iceta

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