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Una cultura única y singular
Todo indica que, en la próxima reunión del Comité de Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, que se celebrará a principios de diciembre en Asunción (Paraguay), se inscribirá la Cultura Sidrera d’Asturies en la Lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
¡Enhorabuena, Asturias!
Sin lugar a dudas, el Comité valorará que la cultura sidrera asturiana encaja perfectamente en la definición de Patrimonio Cultural Inmaterial. Esta definición no solo incluye prácticas, representaciones, expresiones, conocimientos y habilidades, sino también instrumentos, objetos y artefactos, así como espacios asociados a los mismos que las comunidades, los grupos e individuos reconocen como parte de su legado cultural.
Este patrimonio cultural inmaterial, transmitido de generación en generación, constantemente recreado por comunidades en respuesta a su entorno, en interacción con la naturaleza y ligado a su historia, proporciona un sentido de identidad y continuidad a la vez que promueve el respeto por la diversidad cultural y la creatividad humana.
Así, la UNESCO considera como parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad –también denominado Patrimonio Cultural Intangible– aquellas expresiones culturales tradicionales, contemporáneas y vigentes, que son al mismo tiempo integradoras y representativas de la comunidad. Y sin lugar a dudas, la cultura sidrera asturiana es una de ellas.
La cultura de la sidra asturiana se unirá de esta forma a otras manifestaciones culturales españolas que ya han sido reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial: la fiesta de la Patum de Berga, el Misteri d’Elx, el silbo gomero, los Tribunales de regantes (el Consejo de Hombres Buenos de la Huerta de Murcia y el Tribunal de las Aguas de la Huerta de Valencia), los “castells”, el flamenco, el Cant de la Sibil·la de Mallorca, la fiesta de la Mare de Déu de la Salut de Algemesí, la fiesta de los patios de Córdoba, la dieta mediterránea, las fiestas del fuego del solsticio de verano en los Pirineos, las Fallas de Valencia, los conocimientos y técnicas del arte de construir muros en piedra seca, los repiques rituales de tambores, los procesos artesanales para la elaboración de la cerámica de Talavera de la Reina y El Puente del Arzobispo, los caballos del vino, la cetrería, el toque manual de campanas, la maderada, la trashumancia, y los conocimientos, artesanía y técnicas de la producción artesanal de vidrio.
Todas ellas son prácticas, conocimientos y expresiones que, junto con sus objetos y espacios asociados, son reconocidos por las comunidades como parte de su identidad cultural. Transmitido de generación en generación, este patrimonio se adapta con el tiempo, reforzando la identidad y el respeto por la pluralidad cultural, que es una de las dimensiones de la diversidad de los pueblos de España.
Como se recoge en el informe de la candidatura, bien conocéis en Asturias y, a partir de ahora conocerá todo el mundo, la cultura de la sidra asturiana está conformada por el conjunto de personas que participan en el proceso de plantación y recogida de la manzana, elaboración, distribución y consumo de la sidra, así como las prácticas, costumbres, saberes y manifestaciones culturales vinculados.
En cada uno de estos ámbitos existen asociaciones y entidades que representan a una comunidad que, dada la extensión de las prácticas sidreras en Asturias, abarca al conjunto de la sociedad asturiana y también a colectivos como los Centros asturianos extendidos por todo el mundo, en los que perviven tradiciones de Asturias ligadas a los emigrantes salidos de esta región y a sus descendientes. En la tarea de difusión de la cultura de la sidra debemos destacar el papel del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida “Sidra de Asturias” y la Asociación de Fomento de la Sidra Tradicional Asturiana.
Como es bien sabido, la sidra es una bebida que se obtiene de la fermentación del mosto de variedades autóctonas de manzana, procedentes de las pomaradas que contribuyen a conformar el paisaje característico de Asturias, de gran riqueza biológica.
La cultura de la sidra asturiana comprende también todo el conjunto de prácticas vinculadas a espacios y procesos de elaboración y degustación de sidra natural que los asturianos vienen desarrollando desde hace siglos y que conforman un elemento identitario y de refuerzo de lazos sociales.
El gusto por la sidra constituye en Asturias una singularidad fruto de las relaciones y vínculos generados entre un producto de la tierra, un territorio y una población. Durante generaciones se han desarrollado conocimientos locales y desplegado prácticas creadoras de espacios de producción y consumo singulares que persisten en la actualidad, como son los llagares y las sidrerías. Su importancia cultural se refleja en su inserción en la vida cotidiana (por ejemplo, en el ritual festivo y en la gastronomía) y en un vocabulario de creación popular en asturiano, que recoge todos los aspectos del mundo de la sidra, sin olvidar un elemento tan icónico como es el típico y peculiar escanciado.
La cultura sidrera integra una amplia comunidad con diferentes roles no excluyentes y sin diferencias significativas de género. El proceso de elaboración de la sidra reúne en esta comunidad a los productores, agricultores responsables del cultivo de la manzana, a los llagaderos, que a partir del fruto obtenido elaboran la bebida, y a los sidreros, que impulsan su presencia en lugares de sociabilidad como las sidrerías, los merenderos o los chigres.
En los ámbitos del cultivo del manzano y en los llagares donde se elabora la sidra es fundamental una transmisión de saberes que permita que los conocimientos pasen de una generación a otra. Aspectos como la selección del terreno, condiciones climáticas adecuadas, elección de variedades autóctonas de manzano o las particularidades de los procesos de mayado, prensado y fermentación de los mostos, se adquieren en el marco familiar. La iniciación al escanciado y a la degustación de la sidra también se realiza por imitación y transmisión oral.
En suma, la sidra tiene en Asturias una variada serie de funciones sociales y culturales, entre las que se pueden destacar las siguientes:
- Se vincula a una producción sostenible que preserva los paisajes rurales, tanto en su dimensión natural como humana, contribuyendo a fijar población en zonas no urbanas.
- Favorece formas de socialización específicas.
- Contribuye al desarrollo de una gastronomía típica.
- Potencia y difunde las fiestas tradicionales y genera otros eventos festivos.
- Contribuye a la conservación y transmisión del patrimonio musical y lingüístico.
Las prácticas culturales vinculadas a la sidra asturiana se realizan de manera preferentemente comunal. Se favorece en ellas el encuentro e integración de gentes de procedencias y sectores sociales muy diversos. Costumbres como la de compartir el vaso de sidra también evidencian la dimensión fraternal y socialmente abierta propia de la cultura sidrera.
Todos estos aspectos, que definen la cultura de la sidra asturiana, la hacen única y subrayan su innegable contribución al Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Junto a ello, el compromiso de las comunidades asturianas y de sus instituciones en el mantenimiento y promoción de esta expresión cultural la hacen acreedora del reconocimiento internacional que pronto oficializará la Unesco.
La dimensión identitaria y la vocación internacional de Asturias se verán nuevamente reconocidas por la inscripción de la cultura de la sidra asturiana en la Lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Cabe celebrar que el esfuerzo de muchos y de muchas se vea coronado por un éxito que es de todos.
¡Puxa Asturies!
Artículo publicado en La Nueva España el 17 de noviembre de 2024 sobre la inscripción de la Cultura Sidrera d’Asturies en la Lista representativa del Patrimonio Cultural de la Humanidad.