Un pacto imprescindible
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Un pacto imprescindible

La crisis de la COVID-19 nos ha sacudido de arriba abajo. Los gobiernos, a todos los niveles, están desplegando medidas sanitarias, sociales y económicas sin precedentes para frenar al máximo los efectos de la pandemia con el objetivo prioritario de proteger la salud y el bienestar de las personas. Un esfuerzo colectivo que es responsabilidad de todos y que requiere de la solidaridad y el trabajo coordinado y cooperativo del conjunto de la sociedad y de todos los agentes públicos y privados. Con la colaboración de todos y todas, estas medidas deben hacer posible ahora una reactivación social y económica sólida y solidaria, que no deje a nadie atrás.

Es urgente poner en marcha un plan para reactivar la economía sobre las bases de un modelo social y económico más justo, con medidas que blinden los servicios públicos, que aseguren que no aumenten las desigualdades y que garanticen que se salven puestos de trabajo y empresas. Es hora de empezar a preparar la reconstrucción y, aunque el reto es enorme, no podemos olvidar tampoco el objetivo de impulsar una sociedad mejor, más próspera, justa y sostenible, que solo será posible con reformas que promuevan un crecimiento fuerte e inclusivo, que sitúe a las personas y sus necesidades en el centro de la acción política.

La lección de la crisis es clara: hay que tener activados todos los mecanismos de protección, y esto significa movilizar recursos, tener gobiernos estables y más eficaces, y trabajar para tener una economía fuerte con mercados bien regulados y empresas sólidas que creen puestos de trabajo de calidad. Necesitamos un sector público potente para desarrollar un modelo social y sanitario robusto, que reconozca de una vez por todas el trabajo de sus profesionales, y donde los diferentes niveles de gobierno, desde la Unión Europea hasta los ayuntamientos, actúen coordinadamente, añadiendo nuevas prestaciones y sistemas de protección más sólidos.

Conviene que a partir de ahora pensemos seriamente en las cosas que sabíamos que podían pasar, pero para las que no estábamos suficientemente preparados. Nos debemos tomar más en serio los riesgos sanitarios, pero también los riesgos climáticos, económicos y sociales, porque la gran emergencia que estamos viviendo nos ha recordado que son riesgos bien reales. Tenemos que salir de la crisis sobre unas nuevas bases, que ofrezcan seguridad y esperanza a las personas, especialmente a las más vulnerables. Y eso pasa por, entre otras cuestiones, garantizar la igualdad de oportunidades en la educación y combatir la segregación escolar. Pasa también por reformar y reforzar el sistema de atención a la dependencia, y por fortalecer los servicios sociales básicos. Y pasa también por poner la mirada en el futuro y definir una hoja de ruta clara para convertir los retos climáticos y medioambientales en oportunidades, y hacer que la transición energética sea justa e inclusiva para todos los sectores de la economía implicados, especialmente el transporte, la energía, la agricultura y la industria.

Me gustaría pensar que todos vamos a aprender mucho de esta crisis. Que no se debilitarán nunca más los sistemas públicos del bienestar, que seremos capaces de fijar acertadamente las prioridades, que estaremos mejor preparados para lo imprevisto, que se verán fortalecidos los valores de la solidaridad y la fraternidad, que la colaboración entre instituciones será la regla y no la excepción, que la cooperación internacional será cada vez más estrecha, que las empresas aumentarán su responsabilidad social, que la Unión Europea recuperará la visión y el empuje que llevó a su fundación, y que finalmente se reconocerá el papel de los ayuntamientos como administración más cercana para actuar ante crisis como esta.

Ahora es el momento de la cooperación leal y la coordinación entre todos los niveles de gobierno. La lealtad implica manifestar críticas y discrepancias, ciertamente, pero no utilizarlas para levantar muros insalvables, sino para construir puentes, para contribuir a ajustar decisiones, para aprovechar oportunidades, para compartir esfuerzos. Ahora más que nunca, el camino es federal. Desde las instituciones europeas hasta la administración más pequeña debemos asegurar la coordinación más eficaz para impulsar el bienestar ciudadano. Es momento de sumar esfuerzos, de trabajar juntos.

Es momento de que cada uno asuma las responsabilidades que le corresponden. Desconfío de los gobiernos que acaban hablando más de lo que no depende de ellos que del uso que hacen de sus propias competencias. Hay que evitar la tentación fácil de derivar todas las responsabilidades a otros. No es momento de partidismos ni de sectarismos. Tampoco de visiones dogmáticas de blanco o negro, sin matices. No es el momento de plantear batallas quiméricas cuando las batallas que hay que dar son muy reales y afectan directamente al bienestar y a la seguridad de las personas. Es el momento de poner en marcha un Pacto Catalán para la Reconstrucción Social y Económica con todas las fuerzas políticas, los agentes económicos y sociales y el mundo local. Los socialistas estamos comprometidos en ello.

Miquel Iceta

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