En la política catalana y española hay más coincidencias de las que los independentistas quieren reconocer. Una de los más notorias es la comunión histórica entre los partidos de derechas, tanto en Catalunya como en España, para proteger los intereses de los poderosos, para verse envueltos en casos de corrupción o para votar sistemáticamente de manera regresiva y en contra de los progresos sociales. En esto, Catalunya y España son muy parecidas. Y la presencia de Ciudadanos sin duda ha venido a reforzar esta alianza entre los partidos de la derecha que es capaz de superar todas las barreras y disputas de contenido identitario. Más allá de si uno enarbola la estelada o si el otro sobre gesticula con la bandera española, siempre encontrarán un punto de acuerdo en paralizar por ejemplo la reforma laboral, para aliarse en políticas regresivas y de recortes o para no estar en la vanguardia de la defensa de la igualdad salarial entre hombres y mujeres. Estas cosas no gustan a los independentistas, pero suceden.