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Lo que Catalunya y España necesitan con urgencia

Cuando José Luis Rodríguez Zapatero ganó las elecciones de 2004, poniendo fin a 8 años de gobiernos del PP, en España y en Catalunya se abrió un nuevo horizonte de progreso que nos llevó a la primera línea mundial en avances sociales y derechos civiles. Luego llegó la crisis, la desafección, las campañas anticatalanas de un PP vengativo que quería volver a toda costa a la Moncloa, llegó Rajoy en el 2012 y con él y Mas en el Palau de la Generalitat, llegó la incomunicación institucional, el bloqueo político, el diálogo de sordos y la eclosión de plataformas cívicas no parlamentarias que se hicieron con el control de la agenda política en Catalunya.

Desde el 2012, con la llegada del llamado “procés”, en Catalunya el Parlament dejó de ser el centro de la acción política, trasladándose ésta a las calles, ocupadas por los sectores independentistas. El ya famoso grito de la entonces presidenta de la ANC, Carme Forcadell, de “President, posi les urnes!”, fue el ejemplo de la supeditación de la política parlamentaria a la movilización callejera. Fue el primer paso de una erosión progresiva de las principales instituciones del país, continuada a lo largo de los últimos años y meses.

Mucho se ha escrito, y sobre lo que han supuesto estos 6 años de política “procesista” y de cómo la mayoría parlamentaria independentista que nunca ha representado a más de la mitad del electorado, se ha apropiado de las instituciones para situarlas al margen de la legalidad y utilizarlas para acometer una secesión unilateral.

Hay que hacer hincapié en lo mal que se ha hecho por quienes desde ambos lados han tenido responsabilidades de gobierno, pero también para señalar que el atropello parlamentario realizado sobre los partidos que no compartimos la agenda independentista lo ha sido también sobre más de la mitad de los ciudadanos de Catalunya. Y ése es el principal “delito” que se ha cometido. Quiero dejar claro esto, porque si bien es sobradamente conocida nuestra posición contraria a la independencia, a la unilateralidad y a la ilegalidad, creo también llegado el momento de centrar nuestros esfuerzos en buscar una solución que ha de ser, en todo caso, transversal, amplia, generosa y debe constituir un auténtico pacto de Estado.

La renuncia a la política por parte de los principales actores de este drama, gobierno de España y gobierno de Catalunya, ha derivado la cuestión al poder judicial. Desde el respeto que nos merece la Justicia, hay que subrayar que un problema político como al que nos enfrentamos sólo puede hallar solución desde la política.

A mi modo de ver Catalunya necesita con urgencia un Govern que se sitúe dentro de la legalidad. Compuesto por la mayoría independentista, pero alejado de cualquier tentación unilateral e ilegal. Un Govern que gobierne para toda la ciudadanía, no sólo para una parte. Necesitamos que el 155 deje ser aplicado en Catalunya, dando paso a la normalidad institucional. Necesitamos paralelamente que el gobierno de España se comprometa en un diálogo sincero y honesto sobre cuestiones relevantes que en Catalunya generan un consenso mucho más mayoritario que la independencia. El gobierno de España sabe que la independencia no tiene el apoyo de más de la mitad de la población, pero también sabe que un nuevo sistema de financiación concita apoyos de más del 70% de los catalanes o que el corredor mediterráneo y la reforma e inversión urgente del servicio de cercanías concitan la práctica unanimidad. Son tres ejemplos, pero simbolizan amplios acuerdos en Catalunya que no pueden ser dejados de lado por más tiempo por el gobierno del Estado.

Necesitamos abrir un nuevo período de retorno a la política, de poner sobre la mesa nuevas prioridades, y necesitamos abrir el debate sobre la reforma de la Constitución, para modernizarla, adaptarla y hacerla más acorde a las necesidades de la población. Y eso debe proporcionar margen para reforzar el Estatuto de Cataluña. Y en algún momento deberemos someter a las urnas en Cataluña y en toda España esos grandes acuerdos. Sin miedo, pero también defendiendo la bondad del diálogo y los pactos. Necesitamos que el Estado acabe ofreciendo un pacto global que supere la falsa dicotomía entre inmovilismo e independentismo.

Necesitamos todo esto y muchas más cosas. Pero su inicio depende de dos actores que hoy por hoy no parecen dispuestos a ceder un palmo del terreno. Por eso, y por dar también una alternativa a quién ve con desesperanza que el bloqueo político está dañando la convivencia, la economía y nuestro futuro, conviene decir también que si desde la actual mayoría parlamentaria catalana no se quiere, otros tendrán que hacerlo, y si en Madrid tampoco se está por la labor, cuanto antes cambie la mayoría de gobierno, mejor.

Artículo publicado en elobrero.es

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Socialisme i federalisme, més que doctrines convergents, han de considerar-se com doctrines complementàries, com sigui que si la primera és normativa per a la vida individual de les nacionalitats dins dels Estats complexos, la segona ens mostra el camí formal per anar agermanant dins d’Estats units d’amplitud major cada dia, fins que s’arribi a assolir el magne ideal de reunir la humanitat sencera en una gran i única família.

Rafael Campalans, fragment de l’article “Socialisme i federalisme” publicat a “Justícia social”, 1 desembre 1923

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